martes, septiembre 04, 2007
lunes, septiembre 03, 2007
(¡¡¡Patrones de Santidad!!!)
Adoptar Patrones de Santidad
Créele a Dios
Estimados hermanos, para continuar creciendo como cristianos es necesario que nuestro estilo de vida deba armonizar con los principios Bíblicos de Santidad.Sí, adoptar un estilo consagrado de vida comienza por el corazón, sus manifestaciones se ven en el comportamiento diario, acciones y hechos santos se desprenden de un corazón puro y un estilo de vida disciplinado.Para establecer normas de santidad debemos:
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1. Mantener normas de vida bíblicas.
2. Disciplinar todas las esferas de nuestra vida.
3. Ser responsables para con los demás cristianos.
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1. Mantener las normas Bíblicas
Una de ellas y aún la más importante; Dios ordena a los Cristianos que se mantengan santos y sin macula en su comportamiento, simplemente porque El es Santo ( 1 Pedro 1:15, Levítico 11:44 ).Las normas de Santidad deben ser las de Dios, en lugar de adoptar las normas de moralidad practicadas en el mundo o aún en la iglesia, nosotros como Cristianos que crecemos en la fe debemos seguir buscando vivir de acuerdo con las normas de Santidad divinas que nos presenta la palabra de Dios .Nosotros como Cristianos en proceso de crecimiento debemos tratar de vivir según las normas Bíblicas de Santidad, no para ganarnos el favor de Dios o apaciguar su ira, sino como una respuesta de amor a su misericordia y gracia.
*El mensaje que Pablo les envía a los Cristianos en Romanos 12: 1-2 lo dice claramente, es una cosa asombrosa pensar que solo con presentar nuestro cuerpo a Dios como en sacrificio Santo y vivo somos “Aceptables para Dios”.
*El secreto para una vida Santa no es la perfección, sino la dedicación de todo nuestro ser en lugar de conformarnos con las normas y estilos de vida del mundo, nosotros debemos vivir de acuerdo con las normas Bíblicas de conducta. Nuestra mente debe reflejar los pensamientos y deseos de la mente de Cristo, mientras debemos permitir que nuestro " estilo de vida " sea transformado por la mente de Cristo y así convertirnos en un ejemplo vivo de la voluntad de Dios, “Bueno, Aceptable, Perfecto”. Esas con evidencias de una transformación del corazón y la mente.
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2. Disciplinar todas las esferas de tú Vida.
Los patrones de Santidad no se alcanzan sin un duro esfuerzo y disciplina, aunque el Apóstol Pedro dice que:
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Aunque todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas en su divino poder, sus dones no anulan la responsabilidad humana. A lo largo de este pasaje Pedro exhorta a los creyentes a ser diligentes y a hacer estas cosas, el pasaje como un todo indica que si la gente ha venido verdaderamente a ser participantes de la naturaleza divina de Dios, se esforzaran en crecer en Santidad ( 2 Pedro 1: 2-11 ).Pablo, el Apóstol, también exhorta a los creyentes a disciplinarse a si mismos con el propósito de la Santidad ( 1 Timoteo 4: 7-8 ), la disciplina conlleva trabajo duro, no siempre se disfruta, de hecho mucha disciplina es algo difícil, pero la disciplina es algo absolutamente necesario para adoptar patrones de Santidad en la vida ( Hebreos 12: 1-11 ).Para crecer espiritualmente debemos ser disciplinados en cada esfera de nuestra vida Social, mental, emocional, física y moral:Social: Debemos evaluar con cuidado con que tipo de gente pasamos nuestro tiempo y la calidad de nuestra relaciones ( 1 Corintios 15:33 ).
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Mental: Necesitamos trazar metas en cuanto a nuestro desarrollo intelectual, esto puede significar el adoptar una conducta regular, de lecturas estimulantes ( 1 Timoteo 4:13 ).
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Emocional: Debemos También cuidar nuestra vida emocional, de manera que ninguna preocupación pasada, ni presión actual monopolice nuestro tiempo o energía, debemos encontrar vías sanas para expresar nuestras emociones a través de amistades, recreaciones y pasatiempos bienhechores ( Efesios 4:22-32,5:1-3 ).
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Física: Mantenerse en forma física por medio de un programa de ejercicios regulares y una dieta saludable, tiene un tremendo impacto tanto en la salud emocional como en la espiritual ( Proverbios 28:7 ).
*Moral: Por último nosotros como Cristianos necesitamos mantener una estricta disciplina en las esferas de moralidad y ética de nuestra vida, un tiempo dedicado diariamente a la oración y la reflexión en las sagradas escrituras, nos ayudara a mantenernos en comunión con Dios ( Proverbios 15:32 ).
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3. Ser Responsables con los demás Cristianos.
Como creyentes que crecemos y maduramos necesitamos hacernos responsables de un profundo nivel interpersonal por lo menos con algún otro Cristiano consagrado que se encuentre fuera de nuestra de familia , estos individuos deben ser personas a las cuales podamos confesar aún los más íntimos pecados y las faltas personales ( Santiago 5:16 ) , que pueda darnos aliento en nuestra vida consagrada y permanezca junto a nosotros mientras luchamos en la batalla contra el pecado ( Hebreos 12:4 ) por sobre todas las cosas no ignoremos hermanos que nuestro mejor amigo, aliado y confidente es nuestro Señor Jesucristo, que es fiel en perdonar nuestros pecados, si los confesamos delante de Él ( 1 Juan 2:1 ).
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Es una buena costumbre para todos los creyentes el reunirse regularmente, entre la familia del Reino o entre pequeños grupos de discípulos cristianos. Estas prácticas mantienen la humildad de los cristianos que maduran, y provee los medios hacia estilos de vida de consagración.
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Patrones de Santidad
domingo, agosto 26, 2007
martes, agosto 21, 2007
Cultivar, auténtico amor
“El amor es el elixir de la vida; el amor es la vida.” (Living to Purpose [Vivir con propósito], de Joseph Johnson [1871].)
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CÓMO aprende el ser humano a amar? ¿Estudiando psicología? ¿Leyendo manuales de autoayuda? ¿Viendo películas románticas? Desde luego que no. Los humanos aprenden a amar en primer lugar gracias al ejemplo de sus padres y a la formación que estos les dan. Los niños comprenderán el significado del amor si, en un ambiente de tierno cariño, ven que sus padres los alimentan, los protegen, se comunican con ellos y les muestran verdadero interés personal. Lo mismo ocurre cuando sus padres les enseñan a guiarse por principios sólidos que marcan lo que está bien o mal.
El auténtico amor es más que una emoción superficial. Nos impulsa a actuar de continuo en beneficio de los demás, aun cuando estos no sepan valorarlo totalmente en ese momento, como ocurre con los niños que reciben disciplina amorosa. Un ejemplo perfecto de alguien que manifiesta amor desinteresado es el propio Creador. El apóstol Pablo escribió: “Hijo mío, no tengas en poco la disciplina de Jehová, ni desfallezcas cuando seas corregido por él; porque Jehová disciplina a quien ama” (Hebreos 12:5, 6).
Padres, ¿cómo pueden imitar a Jehová al mostrar amor por su familia? ¿Y hasta qué grado es importante el ejemplo que ponen en su relación como cónyuges?
Enseñen a amar con el ejemplo
Si usted es el esposo, ¿aprecia, o valora, a su mujer y la trata con honra y respeto? Y si usted es la esposa, ¿es afectuosa y apoya a su marido? La Biblia menciona que los cónyuges deberían amarse y respetarse el uno al otro (Efesios 5:28; Tito 2:4). Cuando así lo hacen, los hijos ven el amor cristiano en acción. ¡Qué lección tan eficaz y valiosa!
Los padres también fomentan el amor en el hogar cuando fijan para la familia elevadas normas en asuntos como las diversiones, la moralidad, y las metas y prioridades. Por todo el mundo, muchas personas se han basado en las Escrituras para establecer dichas normas y así se han convertido en pruebas vivientes de que la Biblia en verdad “es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia” (2 Timoteo 3:16). De hecho, no son pocos los que reconocen que los preceptos morales y los consejos prácticos que se recogen tan solo en el Sermón del Monte son inigualables (Mateo, capítulos 5 a 7).
Cuando la familia entera acude a Dios en busca de dirección y se sujeta a sus normas, todos se sienten más seguros, y hay más probabilidades de que los niños lleguen a amar y respetar a sus padres. Por el contrario, en un hogar con reglas dobles, inapropiadas o poco estrictas, los niños tal vez se exasperen, se enfaden y se vuelvan rebeldes (Romanos 2:21; Colosenses 3:21).
¿Qué hay de los padres sin cónyuge? ¿Están en gran desventaja a la hora de enseñar a sus hijos a amar? No necesariamente. Aunque no hay nada mejor que el equipo formado por una buena madre y un buen padre, la experiencia demuestra que la calidad de las relaciones familiares puede compensar hasta cierto grado la falta de uno de los padres. Si usted cría a sus hijos sin la ayuda de un cónyuge, esfuércese por poner en práctica los principios bíblicos en su hogar. “Confía en Jehová con todo tu corazón —dice cierto proverbio—, y no te apoyes en tu propio entendimiento. En todos tus caminos tómalo en cuenta, y él mismo hará derechas tus sendas”, entre ellas las sendas de la paternidad y la maternidad (Proverbios 3:5, 6; Santiago 1:5).
Muchos jóvenes excelentes fueron criados en un hogar monoparental y en la actualidad sirven
fielmente a Dios en los miles de congregaciones cristianas de los testigos de Jehová de todo el mundo. Esto demuestra que un progenitor solo también puede enseñar a sus hijos a amar.
Cómo pueden todos cultivar amor
La Biblia predijo que “los últimos días” se caracterizarían por la falta de “cariño natural”, es decir, desaparecería el vínculo natural que por lo general sienten entre sí los miembros de una familia (2 Timoteo 3:1, 3). No obstante, es posible que incluso aquellos que han crecido en un entorno falto de cariño aprendan a cultivar amor. ¿Cómo? Tomando como ejemplo a Jehová, quien es la Fuente del amor y expresa apego y cariño por cuantos acuden a él con sinceridad (1 Juan 4:7, 8). “En caso de que mi propio padre y mi propia madre de veras me dejaran, aun Jehová mismo me acogería”, dijo un salmista (Salmo 27:10).
Dios pone de manifiesto su amor por nosotros de diversas maneras. Algunas de ellas son la dirección paternal que brinda mediante la Biblia, la ayuda del espíritu santo y el afectuoso apoyo de la hermandad cristiana (Salmo 119:97-105; Lucas 11:13; Hebreos 10:24, 25). Veamos cómo pueden estas tres expresiones del cariño de Jehová contribuir a que se incremente nuestro amor por Él y el prójimo.
La oración y el estudio de la Palabra de Dios nos ayudarán a cultivar auténtico amorDirección paternal inspirada
Antes de establecer un vínculo afectuoso con alguien, debemos conocerlo bien. Al darse a conocer a través de las páginas de la Biblia, Jehová nos invita a que nos acerquemos a él. Sin embargo, no basta con leer su Palabra. Debemos poner en práctica lo que aprendemos y experimentar los beneficios que resultan de hacerlo (Salmo 19:7-10). “Yo, Jehová, soy tu Dios, Aquel que te enseña para que te beneficies a ti mismo, Aquel que te hace pisar en el camino en que debes andar”, dice Isaías 48:17. En efecto, Jehová, la mismísima personificación del amor, nos instruye para nuestro beneficio, no porque desee restringir nuestra libertad con normas y reglas innecesarias.
Asimismo, un conocimiento exacto de la Biblia fomenta en nosotros amor por nuestros semejantes, puesto que la verdad bíblica nos enseña cómo ve Dios a los seres humanos y nos muestra los principios que deberían regir nuestro trato con otros. Esta información nos proporciona una base sólida a partir de la cual cultivar amor al prójimo. El apóstol Pablo señaló: “Y esto es lo que continúo orando: que el amor de ustedes abunde todavía más y más con conocimiento exacto y pleno discernimiento” (Filipenses 1:9).
A fin de ilustrar cómo el “conocimiento exacto” guía de forma apropiada al amor, analicemos la verdad fundamental incluida en Hechos 10:34, 35: “Dios no es parcial, sino que, en toda nación, el que le teme y obra justicia le es acepto”. Si Dios evalúa a las personas en función de sus actos justos y de su temor piadoso, y no en función de su nacionalidad o raza, ¿no deberíamos nosotros ver a nuestro prójimo con la misma imparcialidad? (Hechos 17:26, 27; 1 Juan 4:7-11, 20, 21.)
El amor, fruto del espíritu de Dios
Al igual que la lluvia que cae al debido tiempo sobre una huerta contribuye a que esta rinda una buena cosecha, el espíritu de Dios hace que en las personas receptivas afloren cualidades que la Biblia identifica como “el fruto del espíritu” (Gálatas 5:22, 23). La más destacada de estas cualidades es el amor (1 Corintios 13:13). Ahora bien, ¿cómo obtendremos el espíritu de Dios? Principalmente a través de la oración. Si oramos implorando a Dios su espíritu, él nos lo dará (Lucas 11:9-13). ¿‘Sigue’ usted pidiendo en oración espíritu santo? Si así lo hace, entonces el valioso fruto de este, dentro del cual se incluye el amor, será cada vez más evidente en su vida.
No obstante, existe otra clase de espíritu opuesto al que da Dios. La Biblia lo llama “el espíritu del mundo” (1 Corintios 2:12; Efesios 2:2). Esta influencia perjudicial procede ni más ni menos que de Satanás el Diablo, “el gobernante de este mundo” de humanos alejados de Dios (Juan 12:31). Como el viento que levanta el polvo y la basura, “el espíritu del mundo” despierta deseos dañinos que corroen el amor y satisfacen las debilidades de la carne (Gálatas 5:19-21).
La gente se impregna de este espíritu maligno cuando se expone a formas de pensar materialistas y egoístas, a actitudes violentas y al distorsionado, y a menudo pervertido, modo de ver el amor que abunda en el mundo. Si usted desea desarrollar auténtico amor, debe resistir con firmeza el espíritu del mundo (Santiago 4:7). Sin embargo, no confíe en sus propias fuerzas; acuda a Jehová en busca de ayuda. Su espíritu —la fuerza más poderosa del universo— lo fortalecerá, y así tendrá éxito (Salmo 121:2).
La hermandad cristiana nos enseña a amar Así como los niños aprenden a mostrar amor cuando lo reciben en casa, todos nosotros —jóvenes y mayores— podemos incrementar nuestro amor al relacionarnos con otros cristianos (Juan 13:34, 35). De hecho, una de las funciones clave de la congregación cristiana es crear un entorno en el que sus miembros puedan “estimular[se] al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24, Nueva Versión Internacional).
Este amor es de gran valor sobre todo para las personas que se hayan sentido “desolladas y desparramadas” en el mundo falto de amor que nos rodea (Mateo 9:36). La experiencia ha revelado que el afecto recibido en la edad adulta contrarresta muchos de los efectos negativos derivados de una infancia sin amor. ¡Qué importante es, pues, que todos los cristianos dedicados den una sincera bienvenida a los que comienzan a reunirse con ellos!
“El amor nunca falla”
La Biblia asegura que “el amor nunca falla” (1 Corintios 13:8). ¿Cómo es esto posible? El apóstol Pablo nos explica: “El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño” (1 Corintios 13:4, 5). Obviamente, este amor no es una concepción idealista ni una emoción superficial. Todo lo contrario: aquellos que lo reflejan perciben y reconocen las desilusiones y las ansiedades de la vida, pero no permiten que estas arruinen el amor que sienten por su prójimo. No cabe duda de que tal amor es “un vínculo perfecto de unión” (Colosenses 3:12-14).
Observe el ejemplo de una joven cristiana coreana de 17 años. Cuando comenzó a servir a Jehová Dios, su familia se opuso, y ella tuvo que irse de casa. Sin embargo, en vez de dejarse dominar por el enojo, oró al respecto y permitió que la Palabra y el espíritu de Dios moldearan su forma de pensar. Después de eso, con frecuencia escribía a su familia cartas rebosantes del auténtico cariño que sentía por ellos. Como resultado, sus dos hermanos mayores iniciaron un estudio de la Biblia y en la actualidad son cristianos dedicados. Su madre y su hermano pequeño también aceptaron la verdad bíblica. Por último, la actitud de su padre, que se había opuesto mucho, cambió radicalmente. La joven escribe: “Todos nos hemos casado con compañeros cristianos, y ahora nuestra familia se compone de un total de veintitrés adoradores unidos”. ¡El amor venció una vez más!
¿Desea cultivar auténtico amor y ayudar a otros a hacer lo mismo? Pues acuda a la Fuente de esta valiosa cualidad, Jehová. Así es, tome en serio su Palabra, pida espíritu santo en oración y relaciónese con regularidad con la hermandad cristiana (Isaías 11:9; Mateo 5:5). Es muy alentador saber que pronto todos los inicuos desaparecerán y solo quedarán quienes evidencien el auténtico amor cristiano. Ciertamente, el El amor es la llave de la felicidad y la vida (Salmo 37:10, 11; 1 Juan 3:14).
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¿Cómo amar en pureza?,
Dar Verdadero Amor,
EDUCAR EL AMOR.
sábado, agosto 18, 2007
Encontrar el amor verdadero
¿Qué podemos hacer para hallar el amor y ser dignos de ser amados, pero no solo en sentido romántico? ¿Hacernos ricos? ¿Mejorar el aspecto físico?
SEDUCIDOS por la propaganda y condicionados por los medios de comunicación, muchos hombres y mujeres ven en tales metas el remedio de sus males. Claro que es muy natural y apropiado cuidar de nuestro aspecto, pero la belleza —pasajera en el mejor de los casos— no sirve para lograr uniones duraderas. Tampoco las riquezas. Lo que sí ayuda es el amor desinteresado. “Practiquen el dar, y se les dará”, enseñó Jesús (Lucas 6:38) En pocas palabras: si queremos recibir amor, tenemos que dar amor.
¿Cómo? Bajo la guía del espíritu santo de Dios, el apóstol Pablo nos contesta que el amor es dinámico, que no se define tanto por los sentimientos, sino principalmente por lo que hace por otros y por lo que se abstiene de hacer. Fíjese en las palabras de Pablo: “El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño. No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta” (1 Corintios 13:4-7).
¿Qué siente cuando alguien lo trata con amabilidad o lo acepta a pesar de esas cositas irritantes que usted dice o hace? ¿No se siente atraído a la persona que se preocupa sinceramente por su bienestar, que no se enoja por cualquier motivo y que sabe perdonar y decir la verdad aunque el perdón y la sinceridad no resulten fáciles?
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“Hay más felicidad en dar que en recibir.” (Hechos 20:35)
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Entonces, trate así a los demás. Jesús dijo: “Por lo tanto, todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos” (Mateo 7:12). No siempre es fácil dar amor, pero el esfuerzo bien vale la pena. Primero, porque sus familiares, amigos, cónyuge o futuro cónyuge lo amarán más a usted. Segundo, porque tendrá la satisfacción de haber hecho lo que debía al dar de sí mismo a favor de los demás. Así es, “hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35).
Si queremos recibir amor, tenemos que dar amor Aprenda de la máxima autoridad
Jehová es el Dios de amor, la máxima autoridad en la materia (1 Juan 4:8).Su amor lo impulsa a enseñarle esta cualidad a todo el que esté dispuesto a aprender. Veamos algunos ejemplos de máximas bíblicas que muestran qué hacer para amar y ser amados.
“Ser presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar.” (Santiago 1:19.) Una encuesta entre más de veinte mil parejas reveló que las personas más felices son las que están casadas con alguien que sabe escuchar. La buena comunicación es esencial en una relación. Cierta profesora de Sociología escribió al respecto: “Si quiere sentirse solo en una relación, esté con alguien que no tenga ni idea de lo que a usted le pasa. O peor aún, con alguien que lo sepa pero que sea incapaz de entender por qué eso lo hace sufrir a usted tanto”. Añadió que, aun cuando dos personas sean diferentes en varios aspectos, “si son sensibles a la forma en que su pareja ve el mundo y vive la vida, tales diferencias carecerán de importancia”.
“Se hallan apretados y escasos de lugar en sus propios tiernos cariños [...:] ensánchense.” (2 Corintios 6:12, 13.) Nos hacemos un bien cuando ensanchamos nuestro amor hacia los demás. Cierta publicación de la Facultad de Medicina de Harvard afirma: “Decenas de estudios han demostrado que quienes cuentan con apoyo social —es decir, buenas relaciones con la familia, los amigos y la comunidad— son más felices, se enferman menos y viven más”.
“Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes.” (Hebreos 10:24, 25.) La gente que nos rodea influye en nosotros, así que al pasar tiempo con personas que manifiestan genuino amor cristiano y experimentarlo por nosotros mismos, aprendemos a manifestarlo en nuestra vida. Los testigos de Jehová se esmeran por expresar amor entre sí, pues saben que es una marca que identifica a los verdaderos discípulos de Jesús (Juan 13:35). Está usted cordialmente invitado a asistir a sus reuniones cristianas.
Si siente que nadie lo quiere, no se desanime ni se juzgue con severidad. Tenga presente que Jehová está al tanto de lo que le ocurre. ¿Recuerda a Lea, a quien mencionamos en el primer artículo de esta serie? Jehová se fijó en su situación, y ella llegó a ser madre de seis hijos y una hija: una gran bendición en esa época en la que a los hijos se les veía como un valioso tesoro. Además, todos sus hijos varones dieron origen a tribus de Israel (Génesis 29:30-35; 30:16-21). ¡Cuánto debieron de consolar a Lea el amor y el interés de Dios!
En el nuevo mundo que prometen las Santas Escrituras, nadie sufrirá por falta de amor. Al contrario, el amor verdadero impregnará a toda la sociedad humana (Isaías 11:9; 1 Juan 4:7-12). Si deseamos estar allí, ahora es el momento de demostrarlo cultivando el amor que se enseña en la Biblia y que manifiesta su Autor. Está claro, la verdadera felicidad no depende solo de ser amado, sino de amar desinteresadamente a los demás (Mateo 5:46-48; 1 Pedro 1:22).
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jueves, agosto 02, 2007
¿¿Por qué es tan difícil hallar el amor verdadero??
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Nunca faltan consejos sobre el amor. Hay terapeutas y consejeros listos para brindar orientación, y el tema se trata a menudo en programas de entrevistas en la televisión.
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MUCHOS sitios de Internet afirman poseer la clave para encontrar el amor. Quizás le prometan que descubrirá “fascinantes e increíbles secretos” y que recibirá consejos de “casamenteros profesionales”, “expertos en relaciones” y “doctores del corazón”, por no mencionar psicoterapeutas, psicólogos y astrólogos.
El tema del amor también genera ventas de revistas y libros, algunos de los cuales hacen promesas desmesuradas. Uno de ellos, por ejemplo, le asegura que aprenderá “cómo hacer que cualquier persona se enamore de usted”. Otro promete revelarle el secreto para encontrar a la “pareja perfecta en sólo un mes”. ¿Le parece mucho un mes? Entonces, hay otro que le explica cómo lograr que alguien lo ame para siempre “en menos de noventa minutos”.
Gran parte del consejo tiene un precio, y muchas personas tienen que pagarlo dos veces: primero con dinero para recibir el consejo, y luego emocionalmente cuando la orientación resulta equivocada —lo cual suele ocurrir— y las cosas no salen como se esperaba.
Hay, sin embargo, una fuente de consejos que nunca falla y que, además, expone el asunto con veracidad, sin hacer afirmaciones descabelladas ni promesas poco realistas. Se trata de un libro que, aunque antiguo, contiene lecciones que jamás pasan de moda. Su Autor posee sabiduría y amor incomparables. Puede incluso que usted ya tenga un ejemplar de este regalo especial: la Santa Biblia. Sin importar nuestras circunstancias o antecedentes, la Biblia nos enseña cuanto necesitamos saber sobre el amor. Además, sus consejos son gratis.
¿Harán las Sagradas Escrituras que nos llevemos bien con todo el mundo? No. Siempre habrá alguien que no simpatice con nosotros, no importa cuánto nos esforcemos. Recuerde: el amor verdadero no se puede forzar (El Cantar de los Cantares 8:4). Pero si seguimos la guía de la Biblia, aumentarán las probabilidades de que cultivemos relaciones afectuosas con otros, aunque lograrlo tal vez implique tiempo y esfuerzo. En el siguiente artículo se analizará este asunto, pero hablemos primero de por qué hoy día es cada vez más difícil hallar amor verdadero.
El tema del amor también genera ventas de revistas y libros, algunos de los cuales hacen promesas desmesuradas. Uno de ellos, por ejemplo, le asegura que aprenderá “cómo hacer que cualquier persona se enamore de usted”. Otro promete revelarle el secreto para encontrar a la “pareja perfecta en sólo un mes”. ¿Le parece mucho un mes? Entonces, hay otro que le explica cómo lograr que alguien lo ame para siempre “en menos de noventa minutos”.
Gran parte del consejo tiene un precio, y muchas personas tienen que pagarlo dos veces: primero con dinero para recibir el consejo, y luego emocionalmente cuando la orientación resulta equivocada —lo cual suele ocurrir— y las cosas no salen como se esperaba.
Hay, sin embargo, una fuente de consejos que nunca falla y que, además, expone el asunto con veracidad, sin hacer afirmaciones descabelladas ni promesas poco realistas. Se trata de un libro que, aunque antiguo, contiene lecciones que jamás pasan de moda. Su Autor posee sabiduría y amor incomparables. Puede incluso que usted ya tenga un ejemplar de este regalo especial: la Santa Biblia. Sin importar nuestras circunstancias o antecedentes, la Biblia nos enseña cuanto necesitamos saber sobre el amor. Además, sus consejos son gratis.
¿Harán las Sagradas Escrituras que nos llevemos bien con todo el mundo? No. Siempre habrá alguien que no simpatice con nosotros, no importa cuánto nos esforcemos. Recuerde: el amor verdadero no se puede forzar (El Cantar de los Cantares 8:4). Pero si seguimos la guía de la Biblia, aumentarán las probabilidades de que cultivemos relaciones afectuosas con otros, aunque lograrlo tal vez implique tiempo y esfuerzo. En el siguiente artículo se analizará este asunto, pero hablemos primero de por qué hoy día es cada vez más difícil hallar amor verdadero.
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“Se enfriará el amor”
“Se enfriará el amor”
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En su trascendental profecía sobre “la conclusión del sistema de cosas”, Jesús predijo con exactitud las situaciones y tendencias que vemos hoy. Señaló que el mundo estaría marcado por la delincuencia y las guerras, justo lo contrario del amor. También dijo: “Muchos [...] se traicionarán unos a otros y se odiarán unos a otros. Y [...] se enfriará el amor de la mayor parte” (Mateo 24:3-12). ¿No le parece cierto que el mundo se ha vuelto más frío y que falta el amor genuino, incluso en el círculo familiar?
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La gente poco amorosa recibe poco amor
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El apóstol Pablo añadió a lo dicho por Jesús lo que podríamos llamar un detallado perfil social de “los últimos días”. Dijo que las personas serían ‘amadoras de sí mismas, amadoras del dinero, presumidas, altivas, blasfemas, desobedientes a los padres, desagradecidas, desleales, sin tener cariño natural, no dispuestas a ningún acuerdo, calumniadoras, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, traicioneras, testarudas, hinchadas de orgullo, amadoras de placeres más bien que amadoras de Dios’ (2 Timoteo 3:1-4). En muchas partes se han vuelto comunes esas características.
Ahora piense: ¿le cae bien a usted la gente orgullosa, ingrata, desleal, que estaría dispuesta a calumniarlo o traicionarlo? ¿Se siente atraído a quienes están enamorados de sí mismos, del dinero o de los placeres? Como los individuos egocéntricos permiten que su codicia y sus deseos caractericen y dominen sus relaciones, cualquier interés que muestren en otros bien puede ser egoísta. Sabiamente, las Escrituras aconsejan: “De estos apártate” (2 Timoteo 3:5).
Los medios de comunicación rara vez presentan una imagen realista del amor

Además, tome nota de que durante los últimos días no habría “cariño natural” entre las personas, o como lo dice otra versión bíblica, “les faltaría el cariño normal por su familia”. Es triste ver que un creciente número de niños se crían en hogares donde eso ocurre. Lo que saben del amor lo aprenden, a menudo, de los medios de comunicación. Pero ¿transmiten los medios una imagen realista de lo que es el amor, el que en verdad produce las mejores relaciones?
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¿Amor de novela, o amor de verdad?
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De un modo u otro, los medios de comunicación influyen en la mayoría de nosotros. Cierta investigadora afirma: “A través del cine y la televisión, los libros y revistas, la radio y las grabaciones musicales, la publicidad y hasta las noticias, la cultura popular nos bombardea desde nuestra infancia con descripciones fantasiosas y estereotipos rígidos de la conducta sexual, el amor y el romance. La forma en que representan tales cosas la mayoría de los medios de comunicación crea o refuerza unas expectativas irreales que casi nadie puede descartar por completo. Y estas hacen que nos sintamos descontentos con nuestra pareja de la vida real y con nosotros mismos”.
En Estados Unidos, las ventas de novelas de amor generan anualmente más de 1.000 millones de dólares. Del total de obras de ficción en rústica vendidas en ese país, más o menos la mitad son novelas de amor. Y según datos publicados por la agrupación Romance Writers of America, las tres características principales que los lectores —90% de los cuales son mujeres— buscan en el héroe es que sea musculoso, apuesto e inteligente. Las tres virtudes más populares en una heroína son que sea inteligente, fuerte de carácter y atractiva.
En efecto: la literatura, el cine y las canciones rara vez presentan una imagen realista del amor. Después de todo, su objetivo principal es entretener, no educar. Y por eso los escritores se dedican a producir cantidades industriales de historias románticas que les den dinero. Lo triste es que la realidad y la ficción se confunden fácilmente, y la gente sufre muchas veces una decepción cuando su relación no encaja con la de los personajes imaginarios. ¿Cómo, entonces, podemos distinguir entre la fantasía y la realidad, entre el romance de los medios de comunicación y el amor genuino? Analicemos las siguientes comparaciones.
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El amor de los cuentos y el amor verdadero
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Las historias de amor en la literatura, las películas y las obras de teatro quizás cambien, pero la estructura básica, o fórmula, varía poco. La revista Writer señala: “Gran parte de la redacción romántica sigue una misma estructura, y esto tiene su razón de ser. La fórmula del chico que conoce a una chica, la pierde y la recupera es un modelo de probada eficacia al que los lectores vuelven una y otra vez, sin importar el escenario ni la época”. Veamos un poco más de cerca esta fórmula popular.
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El chico conoce a la chica: el apuesto príncipe y la hermosa doncella se conocen y se enamoran. Una escritora exitosa aconseja a quienes deseen escribir novelas románticas que “desde la primera mirada [de la pareja] sea obvio para el lector que los protagonistas están hechos el uno para el otro”.
El chico conoce a la chica: el apuesto príncipe y la hermosa doncella se conocen y se enamoran. Una escritora exitosa aconseja a quienes deseen escribir novelas románticas que “desde la primera mirada [de la pareja] sea obvio para el lector que los protagonistas están hechos el uno para el otro”. *
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El concepto del amor a primera vista conlleva la idea de que el amor verdadero es puro sentimiento —esa incontenible sensación que se apodera de uno cuando encuentra a su media naranja—, que el amor simplemente llega, sin tener que realizar mucho esfuerzo ni tener que conocer bien a la otra persona. Pero el amor verdadero es mucho más que un sentimiento. Claro, tiene que ver con los sentimientos, pero en realidad es un fuerte lazo humano que también incluye principios y valores, y que nunca deja de crecer si se le cuida y nutre como se debe (Colosenses 3:14).
Por otra parte, toma tiempo conocer a alguien. Afirmar que a primera vista se ha encontrado a la compañera o compañero perfecto huele a fantasía y suele llevar a la decepción. Además, si usted se convence al instante de que encontró su verdadero amor, tal vez eso le impida reconocer los hechos que demuestren lo contrario. Elegir a la pareja adecuada exige más que una fuerte impresión provocada por un arrebato de pasión. Por eso, tómese su tiempo. Numerosos estudios demuestran que una mala elección puede perjudicar el desempeño laboral, así como la salud física y mental, y hasta acortar la vida.
El chico pierde a la chica: un malvado conde secuestra a la hermosa doncella y sale huyendo del castillo. El príncipe emprende la peligrosa búsqueda. Una portavoz de la asociación Romance Writers of America señala: “En la trama principal debe haber dos personas que se enamoran y que luchan por alcanzar un final feliz”. La mayoría de las novelas tendrá un final feliz, los lectores lo saben. Los obstáculos, casi siempre causados por otros, serán derribados.
En la vida real, los problemas de la pareja suelen venir tanto de fuera como de dentro. Quizás tengan que ver con el dinero, el trabajo, los parientes o los amigos. Pero también surgen cuando uno de los dos no resulta ser lo que el otro esperaba. Los defectos de los personajes de ficción son por lo general pequeños, pero no siempre es así en la vida real. Además, el amor verdadero no hace que automáticamente, sin ningún esfuerzo, superemos situaciones difíciles o diferencias en los puntos de vista, los antecedentes, los deseos o las personalidades. Al contrario, el amor implica cooperación, humildad, apacibilidad, paciencia y abnegación, virtudes que no siempre poseemos por naturaleza ni manifestamos con facilidad (1 Corintios 13:4-7).
El chico recupera a la chica: el príncipe rescata a su bella doncella y destierra al conde. Se casan y viven felices para siempre. Un editor de novelas románticas les dice a los futuros novelistas: “No puede faltar ese final feliz. [...] El lector debe quedar contento al ver que la pareja acaba por juntarse y está feliz”. Las novelas rara vez presentan a sus personajes después de años de casados, cuando los desacuerdos y un aluvión de problemas más han puesto a prueba la relación. Según las estadísticas sobre el divorcio, muchos matrimonios no pasan la prueba.
El concepto del amor a primera vista conlleva la idea de que el amor verdadero es puro sentimiento —esa incontenible sensación que se apodera de uno cuando encuentra a su media naranja—, que el amor simplemente llega, sin tener que realizar mucho esfuerzo ni tener que conocer bien a la otra persona. Pero el amor verdadero es mucho más que un sentimiento. Claro, tiene que ver con los sentimientos, pero en realidad es un fuerte lazo humano que también incluye principios y valores, y que nunca deja de crecer si se le cuida y nutre como se debe (Colosenses 3:14).
Por otra parte, toma tiempo conocer a alguien. Afirmar que a primera vista se ha encontrado a la compañera o compañero perfecto huele a fantasía y suele llevar a la decepción. Además, si usted se convence al instante de que encontró su verdadero amor, tal vez eso le impida reconocer los hechos que demuestren lo contrario. Elegir a la pareja adecuada exige más que una fuerte impresión provocada por un arrebato de pasión. Por eso, tómese su tiempo. Numerosos estudios demuestran que una mala elección puede perjudicar el desempeño laboral, así como la salud física y mental, y hasta acortar la vida.
El chico pierde a la chica: un malvado conde secuestra a la hermosa doncella y sale huyendo del castillo. El príncipe emprende la peligrosa búsqueda. Una portavoz de la asociación Romance Writers of America señala: “En la trama principal debe haber dos personas que se enamoran y que luchan por alcanzar un final feliz”. La mayoría de las novelas tendrá un final feliz, los lectores lo saben. Los obstáculos, casi siempre causados por otros, serán derribados.En la vida real, los problemas de la pareja suelen venir tanto de fuera como de dentro. Quizás tengan que ver con el dinero, el trabajo, los parientes o los amigos. Pero también surgen cuando uno de los dos no resulta ser lo que el otro esperaba. Los defectos de los personajes de ficción son por lo general pequeños, pero no siempre es así en la vida real. Además, el amor verdadero no hace que automáticamente, sin ningún esfuerzo, superemos situaciones difíciles o diferencias en los puntos de vista, los antecedentes, los deseos o las personalidades. Al contrario, el amor implica cooperación, humildad, apacibilidad, paciencia y abnegación, virtudes que no siempre poseemos por naturaleza ni manifestamos con facilidad (1 Corintios 13:4-7).
El chico recupera a la chica: el príncipe rescata a su bella doncella y destierra al conde. Se casan y viven felices para siempre. Un editor de novelas románticas les dice a los futuros novelistas: “No puede faltar ese final feliz. [...] El lector debe quedar contento al ver que la pareja acaba por juntarse y está feliz”. Las novelas rara vez presentan a sus personajes después de años de casados, cuando los desacuerdos y un aluvión de problemas más han puesto a prueba la relación. Según las estadísticas sobre el divorcio, muchos matrimonios no pasan la prueba.
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¿Cómo amar en pureza?,
Dar Verdadero Amor,
EDUCAR EL AMOR.
viernes, julio 27, 2007
¡¡El deseo de ser amad@!!
Hace mucho tiempo, en una ciudad que hoy forma parte de Turquía, vivía una muchacha llamada Lea. Ella era poco agraciada; en cambio, su hermana menor, Raquel, era hermosa.
RAQUEL conoció a un hombre que se enamoró tanto de ella que aceptó trabajar siete años para el futuro suegro con tal de poder desposarla. Sin embargo, en la noche de bodas, el padre puso a Lea en el lugar de su hermana. No sabemos qué sintió Lea, pero de seguro ella sabía que aquello difícilmente era un buen comienzo para el matrimonio.
El nuevo esposo protestó en cuanto se dio cuenta de lo ocurrido, y entonces el padre de las jóvenes le explicó que la costumbre era casar primero a la hija mayor. Ahora Lea estaba casada, mediante engaños, con un hombre cuyo primer amor era su hermana menor, con quien también se desposó. ¡Qué triste debe haberse sentido al ver que su hermana recibía casi todo el cariño! Lea no tenía ninguna historia romántica que contar de su noviazgo, y del día de su boda guardaba pocos recuerdos gratos, si acaso alguno. ¡Cuánto debe haber anhelado ser amada como Raquel! En parte víctima de las circunstancias, probablemente muchas veces sintió que nadie la quería.*
¡¡¡¡Mucha gente de hoy se identificaría hasta cierto punto con Lea. Todos tenemos muy arraigada la necesidad de amar y ser amados. Quizás ansiemos el cariño de un cónyuge o busquemos el afecto de los padres, los hijos, los hermanos o los amigos. Pero como Lea, puede ser que veamos a otros encontrar el amor, mientras nosotros permanecemos solos!!!!.
Desde niños escuchamos historias románticas de personas atractivas que se enamoran y viven felices para siempre. Los cantantes hablan del amor, los poetas lo exaltan. Y sin embargo, “seguramente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tantas expectativas pero que fracase con tanta frecuencia como el amor”, afirma un investigador. Eso es verdad; a menudo son nuestras relaciones más estrechas las más turbulentas, las que en vez de alegrías nos producen penas. En varios países, un 40% de los enlaces matrimoniales termina en divorcio, y muchas parejas que no se divorcian están lejos de ser felices.
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